Riohacha, 31 de agosto de 2026
Se paró la maquinaria. Cesó el ruido. Se disipó el polvo. La mayoría fue a sus casas. Una pequeña minoría a las carpas. Y en alto, un puño erguido diciendo:
¡No vamos a dejar que la empresa Cerrejón destruya lo que nos ha costado sangre conseguir!
Era 31 de agosto de 2020, 3:15 pm, y afuera, una pandemia nos mantenía con la incertidumbre entre la vida y la muerte. Aquí, una negociación que nos dejaba la duda si íbamos a perder la posibilidad de educar a nuestros hijos, de conseguir una vivienda, de tener una cobertura en salud o de tener una vejez alejada de la pobreza, al lado de nuestros seres queridos.
En los cuarenta días previos se venía desarrollado por primera vez una negociación de forma virtual. Era el colofón de un proceso de negociación en el que el sindicato, por respeto por el confinamiento, había retirado el pliego de peticiones a inicios de ese año. Y Cerrejón, como ensañada en su soberbia, asestando un golpe más contra la clase trabajadora que la ha hecho inmensamente rica: el turno de la muerte. Al terminar el conflicto, se ajustaría un año entero de negociación.
Nadie quiere una huelga. La empresa, la primera, porque al parar nuestra fuerza, la que genera riqueza, se detienen los chorros, los raudales de dinero que entran a sus arcas. Las y los trabajadores directos, porque se frena el ingreso vital en sus hogares. Las y los trabajadores tercerizados, porque sin beneficiarse de la convención, debido a las injustas leyes colombianas y a los malabares de las empresas, se quedan sin salario por semanas. La comunidad, porque el fruto de nuestro sudor es el motor de la economía guajira.
A pesar de que la empresa es la primera en salir a los medios a lamentar la huelga y difundir su versión de que el sindicato busca paralizar la economía y que es indolente con las necesidades de la clase más necesitada, es la primera responsable de que los trabajadores opten por realizar este sacrificio, que es el sacrificio último de la clase obrera.
Y ella es la culpable, porque hace seis años, las multinacionales extranjeras dueñas de Cerrejón, Glencore, BHP Billiton y Anglo American, tras años de sacar ingentes cantidades de dinero de nuestro subsuelo, querían aún más y pretendían hacerlo destruyendo la Convención Colectiva de Trabajo que nos había tomado tres décadas construir.
Cerrejón quería reducir, congelar y eliminar beneficios adquiridos. Quería eliminar la conversión de contratos de término fijo a indefinido, subsidios de transporte para trabajadores de otros departamentos, auxilios educativos para trabajadores pensionados o de hijos de trabajadores fallecidos, los aportes a los centros culturales y deportivos. Quería reducir beneficios tales como el transporte diario a la mina, las primas y beneficios como primas de navidad, de servicio, bono a la firma, bono de retiro anticipado para quienes se pensionan y el de eficiencia y productividad que quería bajarlo a la mitad. Y quería congelar el cuerpo convencional de los artículos económicos, los cuales pretendía dejar indexados al valor que tenían en 2019 hasta el 2022, entre ellos la salud y el plan de medicina prepagada, una necesidad tan sentida por nuestra masa trabajadora, que deja su salud entre los fierros pesados de la minería. También quería dejar congelados los auxilios educativos universitarios, paralizando la opción de progreso de nuestras y nuestros hijos.
Compañero sindicalizado, compañera trabajadora directa no sindicalizada, apreciados y queridos compañeros y compañeras tercerizadas, sabemos que tres meses de huelga fueron duros, pero también sabemos que tres lustros trabajando sin una convención colectiva eran aún peores. Cerrejón, con ánimo de dividirnos y destruir nuestro movimiento huelguístico, puso sobre la mesa al mismo tiempo el turno de la muerte. Una jugada no solo destructiva para nuestro bienestar, el de nuestras familias y nuestra salud, sino también una jugada maquiavélica con la que buscaba que desistiéramos de la huelga, al ponerlo como un factor distractor que obligó al sindicato a tomar una dolorosa decisión: o convención o turno.
Gracias a quienes nos apoyaron y se mantuvieron fieles a la causa obrera pudimos defender esta convención. Con una huelga histórica y ejemplar de 91 días, salvamos una convención modelo para el mundo sindical y obrero colombiano. Tuvimos que ceder en el turno, en ese momento, pero recuerden que el 23 de marzo de 2023, Sintracarbón consiguió una nueva victoria, cuando por fin logramos desmontar el Turno de la Muerte e implantar de nuevo el turno 4×5-5×4-5×5, que nos devolvió la dignidad en una relación de trabajo 1-1. Esta victoria se logró, no sin perder en la batalla a nuestras y nuestros compañeros de la masacre laboral del F23 de 2021, por quienes tampoco dejamos nunca de luchar y reivindicar sus derechos.
Hay que recordar un factor importante en todo este escenario, porque la política es la ordenadora de nuestra vida moderna, que muchas de las cosas que vivimos: un desmonte de una convención colectiva, la imposición de un turno que rebasaba los lineamientos legales y que fue arbitrariamente instaurado sin cumplir los requisitos de ley, la masacre laboral del F23 ejecutada bajo la excusa del turno de la muerte y contra personas en situación laboral vulnerable, nada de esto habría sido tan difícil y duro de luchar, si en esos momentos hubiéramos contado con un gobierno progresista y no con un gobierno neoliberal y de ultraderecha, como el de Iván Duque Márquez. No lo olvidemos nunca, porque la opción que votamos determina también nuestro día a día laboral, económico y, sobre todo, la conservación o la pérdida de nuestros justos derechos adquiridos.
Sintracarbón agradece el liderazgo del compañero Igor Díaz López, quien en dos ocasiones (2013 y 2020), ha puesto el pecho liderando dos gloriosas e históricas huelgas que han impedido la pérdida de nuestros derechos, el desmonte de la convención y el abuso de las multinacionales en su afán de sacar rápido y lo más barato posible, la riqueza de nuestro subsuelo a costa de nuestra salud, nuestra vida familiar y, en última instancia, de nuestra propia vida.
El mundo laboral del que podemos disfrutar y con el cual tener una vida más o menos digna hoy, no nos lo regalaron los patronos. Tampoco nos lo dieron los políticos legisladores de derecha, ellos siempre hacen las leyes al acomodo del patrón. Este mundo del que disfrutas hoy, con unas reglas básicas entre tú y el empleador, nos lo ganamos nosotras y nosotros en las huelgas que, como la de 91 días en 2020, durante más de 200 años obreras y obreros valientes no hemos tenido miedo de llevar a cabo, aunque sea a costa de nuestro propio pan. Ellas y ellos, ancestros valientes, y nosotras y nosotros en 2020, sabíamos que no estábamos luchando por el pan de ese día, estábamos luchando por la dignidad eterna de la clase trabajadora. Nunca perdamos la noción de nuestra propia dignidad.
#PorNuestrosDerechos
JUNTA DIRECTIVA NACIONAL
Jaime López García
Presidente