Boletines de prensa

Las familias de trabajadores de Cerrejón se sienten amenazadas por el “turno de la muerte”

Por: Luz María Tobón Vallejo – Especial para Sintracarbón

Las familias de los obreros de Cerrejón están perdiendo su tranquilidad, alegría y hasta la confianza que tenían en la multinacional minera que la riqueza de La Guajira y el trabajo de los suyos han convertido en una de las compañías más importantes y sólidas del país e incluso del sector carbonero internacional.

Su incertidumbre y tristeza llegaron con la pretensión de Cerrejón de imponer un nuevo turno de trabajo que sacrifica por lo menos 1200 empleos en una región que ha sufrido duramente los rigores de la pandemia por covid-19; desmejora los ingresos y condiciones de trabajo de los casi diez mil trabajadores directos de la compañía; afecta la salud de esos empleados, e impone nuevas pesadas cargas a las familias, siendo la más dolorosa de ellas la de la amenaza de una separación física.

Ya en años anteriores Cerrejón había intentado implementar el pesado turno de siete días continuos de trabajo y tres de descanso, pero estudios de riesgos laborales le demostraron que esa pretendida jornada de trabajo generaba nuevos y mayores riesgos para la salud de sus trabajadores, ya afectada por los rigores del trabajo minero. Por eso, en decisión que entonces fue recibida con esperanza, la compañía había desistido de esa intención.

Al iniciar la etapa de negociación colectiva del pliego de peticiones presentado por Sintracarbón, el sindicato mayoritario, Cerrejón sorprendió a sus trabajadores con la notificación de que pretende imponer ese turno antes desechado, que ha decidido hacerlo a cualquier precio y pasando por encima del mandato legal que impone no desmejorar las condiciones de trabajo de los empleados.

Mientras el sindicato defiende los derechos de los trabajadores, las familias llevan sobre sí preguntas y angustias.

Maribeth, su esposo y sus tres hijos, una aún estudiante de primaria, viven en una ciudad de La Guajira que no es distante a la mina. Su esposo es uno de los pocos operarios de mantenimiento que ha sobrevivido al acelerado proceso de tercerización de sus actividades adoptadas por esa minera, con amparo de decisiones estatales que han desmejorado las condiciones de vida de los trabajadores.

Para esta mujer, que en sus 23 años de matrimonio ha acompañado a su esposo minero, el “turno de la muerte” es una de las mayores amenazas que ha vivido en este tiempo. Ella tiene miedo de que la ya debilitada columna vertebral de su esposo, cuya enfermedad crónica no ha sido certificada como de origen laboral, aunque se agrava por sus labores, se deteriore al imponerle mayores cargas continuas de trabajo y reducirle la continuidad de sus jornadas de descanso. A la esposa y madre también le asusta que su esposo pueda ser uno de los 1200 trabajadores que Cerrejón quiere despedir, someter a la informalidad y dificultades de encontrar trabajo hoy en La Guajira, un despido que negaría el derecho de sus hijos menores a forjarse una vida digna, gracias al esfuerzo de sus padres.

En una mediana ciudad del departamento de Cesar, Ana y sus amigas se angustian y lloran compartiendo el dolor de miles de personas dependientes de un trabajador de Cerrejón, que viven en Barranquilla, otras ciudades el Cesar, algunas urbes de Magdalena y varias ciudades del sur de La Guajira.

Cuando Cerrejón comprendió que el actual turno de trabajo beneficiaba la productividad, la salud de los trabajadores y el bienestar de las familias, determinó una combinación razonable de las actividades laborales y las jornadas de descanso y garantizó que centenares de familias consolidaran sus hogares en sus ciudades de origen o en aquellas donde podían garantizar a los suyos el desarrollo de sus capacidades y su vida personal. Consecuentes con esas circunstancias mantenidas durante casi cuarenta años, las familias forjaron proyectos de vida que hoy la multinacional que explota el carbón colombiano en La Guajira se propone desmejorar.

Ante la amenaza de imposición del “turno de la muerte”, Ana se pregunta, angustiada, si le conviene dividir a su sólida familia, permitiendo que el padre se aleje de sus cuidados y del amor de sus hijos, o si arranca a sus hijos de la vida que conocen, poniendo en riesgo el patrimonio que su familia ha venido construyendo con gran esfuerzo y disciplina. Cualquiera sea la decisión que se vería obligada a tomar, saldrá perdiendo.

Ana se levanta todos los días poco después de las 2 de la mañana. Así garantiza que su esposo, operario “de una máquina más grande que una casa”, pueda llevar los alimentos especiales que ella aprendió a prepararle para cuidar su delicada salud estomacal. Si Cerrejón se sale con la suya e impone ese turno, él tendría que vivir en una ciudad cercana de la mina, dejar atrás esos cuidados además de asumir un arriendo que destrozaría el presupuesto familiar.

La otra opción que tiene la familia de Ana es abandonar la casa construida con gran esfuerzo y arrancar a sus hijos del entorno donde han forjado su vida, ilusiones, amistades y esperanzas, para ir a una ciudad desconocida a pagar un costoso arriendo que destruirá el presupuesto familiar y volver a empezar, aunque ya ninguno en la pareja está joven o tiene los ímpetus del tiempo en que empezaron a forjarse la vida que con trabajo duro han logrado forjarse. Todo, por imposición de la compañía que ayer les representaba la esperanza y ahora hace caer sobre ellos una cascada de incertidumbres y pesares.

Aquí puede descargar el informe especial en formato PDF.

2 comentarios

  1. Por la dignidad y el bienestar de todos los trabajadores en el Cerrejón. No al turno de la muerte. La lucha sindical, es la única herramienta que tenemos los obreros, para defender nuestros derechos.
    Las convenciones colectivas, son patrimonios de los trabajadores. A luchar por su defensa y tratar de buscar nuevos beneficios.
    NI UN PASO ATRÁS…. SIEMPRE ADELANTE.

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